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Comentario del Rvdmo. P. Abad

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Clemente Serna, Abad de Silos

Seguramente que todos somos conscientes de lo importante que es tener muy claro en lo concerniente al amor, conscientes de que estamos llamados para y ser amados, ante todo por Dios Nuestro Señor. Para amar eternamente. No hacerlo así significa caer en el abismo de la desolación para toda la eternidad. En cambio si estamos llamados a cantar las grandezas de Nuestro Señor y Nuestro Dios, y hacerlo al ritmo festivo, en una intensa luz esplendorosa, que es la luz que es Dios mismo, Nuestro Dios y Señor, que nos crea y nos recrea eternamente. Dios mismo es nuestro Dios y Señor, es el Dios que diaria y permanentemente nos llama a la conversión, pues dada nuestra innata tendencia a dejarnos arrastrar por el mal, algo que jamás deberíamos olvidarlo que nos dejamos arrastrar fácilmente hacia la desobediencia y el capricho, en lugar de probar y saborear la manzana sana, que es precisamente la gracia de Dios y su gran amor por con todos nosotros, hasta el punto supremo de entregarse a la muerte siendo vejado hasta el extremo y vilipendiado como jamás ningún otro ser humano ha sufrido tamaña afrenta, con un tremendo agravante, que nunca deberíamos olvidarlo, pues dada nuestra inveterada tendencia hacia el mal, nos conviene repetirlo y recordarlo siempre, que es el único hombre en este mundo que, sin cometer faltas ni errores, que siendo el hombre perfecto, el mismo Hijo de Dios ha querido cargar con la cruz vilipendiosa, hasta el punto de Sabemos muy bien cómo nuestro Dios y Señor siempre está dispuesto a echarnos una mano con el fin de que no nos desviemos por los caminos intransitables del pecado y el desamor.

+ Clemente Serna González, Abad de Silos