Ir a la página de inicio

Comentario del Rvdmo. P. Abad

Unión

Clemente Serna, Abad de Silos

Este vocablo, tan breve como denso, está llamado a  darnos mucho juego. De hecho, lo podemos convertir en signo elocuente de todo aquello que, no sólo nos permite llevar a término, sino que incluye también todo cuanto estamos llamados a llevar a cabo en conformidad con nuestra condición de seres inteligentes y responsables. Sabemos muy bien que ser creyentes en Cristo Jesús nos apremia a transcender; por lo tanto, nos compele a actuar en consecuencia, como así nos lo exige nuestra misma dignidad humana y cristiana. De ahí la importancia que tiene estar dotados de una conciencia clara y nítida.

Es oportuno ser conscientes de que nos apremia una fuerte llamada a introducirnos y movernos dentro de una realidad transcendental, la cual es ciertamente muy necesaria, dada nuestra condición de seres humanos, con capacidad de reflexionar y de ser conscientes que debemos relacionarnos positivamente con nuestros congéneres, colaborando eficazmente en el gran proyecto al que Dios nos invita a participar pora nuestro bien, pues no hemos entrado en la rueda de la vida por pura casualidad, sino por la voluntad expresa de Dios mismo.

Por lo mismo, es fundamental ser muy conscientes de nuestra propia dignidad, así como de la responsabilidad que nos echamos a la espalda. Valorarlo y reflexionarlo nos permite poner manos a la obra, conscientes de que unidos y motivados es como haremos verdaderamente una labor eficaz, sin perder la única oportunidad de que disponemos, pues sólo vivimos una vez en este planeta acompañados por las personas y los medios de que tenemos. De hecho, nuestra meta no es otra que la de alcanzar la plenitud, no sólo individualmente, sino también comunitariamente. Lo cual se logra renunciar a todo aquello que sabemos es contrario a nuestra condición de seres racionales e hijos de Dios. Esto nos exige ser dóciles a la voluntad divina, surcando los caminos marcados por Dios.

Caminos, tengámoslo muy presente, que nos abren  amplios cauces, orientándonos hacia las realidades transcendentales, por lo que hemos de permanecer siempre atentos al querer de Dios, imitando de lleno a nuestro Señor y Maestro Jesús, el cual no vino a hacer su voluntad, sino la de su Padre del cielo. Contando con esta luz divina, que nos alumbra y nos guía, podemos afirmar que estamos en condiciones de acoger el querer divino y ponerlo práctica con su ayuda. Por eso mismo, con el salmista, hemos de repetir insistentemente: “Tu rostro buscamos, Señor, no nos ocultes tu rostro”.

Cuando estamos absorbidos por problemas nada fáciles, por situaciones existenciales complicadas, tanto físicas como morales, es lógico y razonable que nos encontremos angustiados y recurramos a personas que nos quieren, nos ayudan y dan ánimos. En esas circunstancias conviene tener muy presente que estamos descargando nuestros pesos y problemas en otros. De ahí la necesidad de no caer en la tentación de hacemos hoscos o huidizos, aparentando distracción o ensimismamiento para que la persona que tengo a mi lado “no me moleste”.

+ Clemente Serna González, Abad de Silos